Ricitos de Oro y los tres osos
En una casita del bosque vivían tres osos: papá oso, grande; mamá osa, mediana; y el osito, pequeño. Sirvieron sopa en un tazón grande, uno mediano y uno pequeño.
—¡Está muy caliente! —dijo el osito. Así que salieron a pasear mientras se enfriaba.
Ricitos de Oro llegó a la casita. Llamó, pero nadie respondió. Empujó la puerta y entró. Probó la sopa del tazón grande.
—¡Muy caliente! Probó la del mediano.
—¡Muy fría! Probó la del pequeño.
—¡Está perfecta! Y se la comió toda, sin haber pedido permiso.
Después vio tres sillas: una grande, una mediana y una pequeña. Se sentó en la grande.
—¡Muy dura! Se sentó en la mediana.
—¡Muy blanda! Se sentó en la pequeña.
—¡Está perfecta! Pero, al acomodarse, sonó un ¡crac! La sillita se rompió y Ricitos quedó sentada en el suelo, sorprendida.
Ricitos encontró tres camas: una grande, una mediana y una pequeña. Se acostó en la grande.
—¡Muy dura! Probó la mediana.
—¡Muy blanda! Por último, se acomodó en la cama pequeña del osito.
—¡Está perfecta! Apoyó sus rizos en la almohada y se quedó dormida.
Los osos volvieron y vieron los tazones y las sillas.
—¡Mi sopa se acabó y mi silla se rompió! —dijo el osito. En el dormitorio encontraron a Ricitos en la cama pequeña. Ella despertó y se incorporó.
—Perdón por entrar y usar sus cosas sin preguntar. ¿Puedo ayudar a arreglar la sillita? Los osos escucharon su disculpa y la acompañaron al salir.
Fin
Para recordar
Antes de tomar algo, hay que pedir permiso.