La gallinita roja
Una mañana, la gallinita roja encontró unos granitos de trigo.
—¿Quién me ayuda a sembrarlos? —preguntó.
—¡Yo no! —dijo el gato.
—¡Yo no! —dijo el perro.
—¡Yo no! —dijo el pato.
—Entonces lo haré yo —respondió la gallinita. Y sembró los granitos, uno por uno.
La gallinita cuidó el trigo hasta que las espigas crecieron altas y doradas.
—¿Quién me ayuda a cosechar? —preguntó.
—¡Yo no! —dijo el gato.
—¡Yo no! —dijo el perro.
—¡Yo no! —dijo el pato.
—Entonces lo haré yo. Y recogió las espigas, una por una, hasta llenar su canasta.
La gallinita llevó el trigo al molino y regresó con harina.
—¿Quién me ayuda a hacer el pan? —preguntó.
—¡Yo no! —dijo el gato.
—¡Yo no! —dijo el perro.
—¡Yo no! —dijo el pato.
—Entonces lo haré yo. Mezcló, amasó y puso el pan en el horno. ¡Qué rico empezaba a oler!
Cuando el pan estuvo doradito, la gallinita lo dejó enfriar. El gato, el perro y el pato se acercaron siguiendo el aroma.
—¿Quién quiere comer pan? —preguntó ella.
—¡Yo sí! —dijo el gato.
—¡Yo sí! —dijo el perro.
—¡Yo sí! —dijo el pato. La gallinita los miró.
—Hacerlo me costó mucho trabajo. Me habría gustado tener su ayuda.
Los tres amigos bajaron la cabeza.
—Perdón por dejarte sola —dijeron.
—Todavía queda harina. ¿Quién me ayuda a preparar más pan? —preguntó la gallinita.
—¡Yo sí! —respondieron los tres. El gato echó harina, el perro amasó y el pato puso los platos. La gallinita les enseñó a formar panecillos. Cuando estuvieron listos, todos se sentaron a compartirlos.
Fin
Para recordar
Cuando todos ayudan, todos disfrutan.