Rapunzel
En lo alto de una torre vivía Rapunzel. Tenía una trenza dorada, larga, larguísima. Una hechicera la había encerrado allí, lejos del pueblo.
—Me gustaría pasear entre los árboles. —decía Rapunzel, mirando por la ventana. Para sentirse acompañada, cantaba una canción que viajaba con el viento.
La torre no tenía puerta. Cada tarde, la hechicera llegaba y llamaba: —¡Rapunzel, Rapunzel, deja caer tu trenza! Rapunzel soltaba su larga trenza por la ventana, y la hechicera subía por ella.
—¿Cuándo podré salir? —preguntaba Rapunzel. Pero la hechicera nunca la dejaba bajar.
Un día, un príncipe oyó aquella canción. Se acercó a la torre y vio a Rapunzel en la ventana.
—¡Qué canción tan bonita! —dijo el príncipe.
—Gracias. Estoy encerrada. ¿Puedes ayudarme a salir? —preguntó Rapunzel.
—Buscaremos una manera. —respondió él. Y juntos pensaron un plan.
Al día siguiente, el príncipe volvió con una escalera de cuerda. Rapunzel bajó su trenza y él ató la escalera al extremo. Ella la subió y la sujetó a una viga fuerte.
—¡Ya está lista! —dijo Rapunzel. Bajó despacito, peldaño a peldaño, mientras el príncipe sostenía la escalera desde el suelo.
Por fin, Rapunzel pisó la hierba. Respiró el aire fresco y sonrió.
—¡Gracias por ayudarme! —dijo Rapunzel. En el pueblo la recibieron con cariño y le ofrecieron un hogar seguro. La hechicera encontró la torre vacía y ya no pudo encerrarla. Desde entonces, Rapunzel paseaba por el bosque y cantaba rodeada de amigos.
Fin
Para recordar
Pedir ayuda y trabajar juntos nos ayuda a superar las dificultades.