La cigarra y la hormiga
Durante el verano, la cigarra cantaba entre las flores. Cerca de ella, una hormiga llevaba semillas a su casita.
—Ven a cantar conmigo. —la invitó la cigarra.
—Primero guardaré comida para el invierno. Después descansaré. —respondió la hormiga. La cigarra siguió cantando bajo el sol.
Cada mañana, la hormiga recogía unas semillas y las ordenaba en su despensa.
—Guarda un poquito tú también. —le aconsejó a su amiga.
—Mañana lo haré. Hoy quiero cantar. —respondió la cigarra. Pero llegó otro día, y otro más. La cigarra siempre lo dejaba para después.
El verano terminó. Las hojas se volvieron doradas y empezó a soplar un viento frío. La cigarra buscó semillas entre la hierba, pero ya no encontró ninguna.
—Debí empezar antes. —murmuró. Tiritando, caminó hasta la casita de la hormiga y llamó a la puerta.
—¿Puedo pasar? Tengo frío y hambre.
La hormiga abrió la puerta y le acercó una manta.
—Entra. Hoy compartiré mi comida contigo. —dijo con cariño. La cigarra se sentó junto a la mesa.
—Gracias. Dejé todo para después y no guardé nada. La hormiga sirvió una sopa calentita. Afuera, el viento sacudía las ramas.
Aquella tarde, la cigarra ayudó a ordenar la despensa.
—Cuando vuelva el buen tiempo, recogeré semillas cada día. —prometió.
—Y también tendremos tiempo para tus canciones. —respondió la hormiga. Cuando llegó la primavera, la cigarra cumplió su promesa. Guardaba un poquito cada mañana y luego cantaba junto a su amiga.
Fin
Para recordar
Ser responsables y prepararnos a tiempo nos ayuda a vivir mejor.