Los tres chivitos
Había una vez tres chivitos hermanos: uno pequeño, uno mediano y uno grande. En su prado quedaba poca hierba. Al otro lado del río crecía un pasto verde y tierno.
—¡Vamos a cruzar el puente! —dijo el pequeño. Pero debajo del puente vivía un trol que no quería dejar pasar a nadie.
El chivito pequeño pisó el puente. Sus patitas hicieron: tip, tap, tip, tap.
—¿Quién pasa por mi puente? —preguntó el trol, asomando la nariz.
—Soy el chivito pequeño. Quiero llegar al prado, por favor. El trol frunció el ceño. El pequeño esperó junto a la entrada.
Llegó el chivito mediano. Sus patas hicieron: toc, toc, toc.
—¿Quién pasa por mi puente? —preguntó otra vez el trol.
—Soy el chivito mediano. Queremos cruzar sin molestarte.
—¡El ruido no me deja dormir! —dijo el trol. Los dos hermanos se miraron y esperaron al mayor.
El chivito grande se acercó. Sus patas hicieron: ton, ton, ton.
—¿Quién pasa por mi puente? —preguntó el trol.
—Soy el chivito grande. Podemos caminar despacito. El trol dejó de fruncir el ceño.
—¿Sin saltar ni golpear las piedras?
—Sí. Así tú descansas y nosotros llegamos al prado.
El trol se hizo a un lado. Los tres chivitos cruzaron de puntitas, uno detrás de otro.
—¡Gracias, trol! —dijeron los tres.
—¡Buen provecho! —respondió el trol con una sonrisa. Los hermanos comieron hierba tierna mientras el río cantaba bajito. Bajo el puente, el trol se acomodó y durmió tranquilo.
Fin
Para recordar
Con calma y respeto, podemos encontrar una solución.