Bruno y el gran viaje espacial
Una noche, Bruno miraba las estrellas desde su casa con Milo y Nila.
—¿Y si vamos a visitarlas? —preguntó. Subieron a su cohete de cartón y cerraron los ojos. En su imaginación, los botones se encendieron.
—¡Tres, dos, uno! —contó Bruno. La casa quedó pequeñita bajo sus patas.
La Luna apareció redonda y llena de cráteres. Cerca flotaban pequeñas rocas espaciales.
—¿Y esos agujeritos? —preguntó Milo.
—Los hicieron rocas que chocaron contra ella —respondió Nila. Bruno miró los meteoritos sobre el suelo lunar. Después condujo despacito entre las rocas flotantes, sin rozar ninguna.
—¡Vamos juntos! —dijo.
Llegaron a Saturno, rodeado de anillos brillantes.
—¡Parece que lleva un sombrero! —rio Milo. Vieron trocitos de hielo y roca dando vueltas. Luego pusieron rumbo a Júpiter. Era gigante, con franjas de colores y una enorme mancha. Bruno pegó la nariz a la ventana.
—¡No me cabe en los ojos!
Muy lejos encontraron a Plutón, pequeño y helado.
—¡Brrr! —dijo Milo, abrazándose. Bruno encendió la calefacción y regresaron hacia el Sol. Quería verlo de cerca, pero el indicador de calor comenzó a subir.
—No podemos acercarnos más —avisó Nila. Bruno giró el cohete.
—Lo miraremos desde lejos. Aquí estamos bien.
De regreso pasaron por Marte. Un marcianito verde los saludó desde una roca roja.
—¡Hola, viajeros! Bruno le respondió moviendo la pata. Después apareció la Tierra, azul y blanca.
—¡Nuestra casa! —dijo. Aterrizaron suavemente y abrieron los ojos dentro del cohete de cartón. Bruno abrazó a sus amigos. Afuera, las estrellas seguían brillando.
Fin
Para recordar
Es divertido descubrir lugares nuevos con cuidado y buenos amigos.