La olla mágica
Una niña vivía con su mamá en una casita. Un día, paseando por el bosque, encontró a una anciana que le regaló una ollita.
—Di «Ollita, cocina» y tendrás papilla dulce. Para detenerla, di «Ollita, descansa».
La niña escuchó con atención y repitió las dos frases para recordarlas.
En casa, la niña puso la olla sobre la mesa.
—¡Ollita, cocina!
La papilla apareció, dorada y deliciosa. Su mamá la removió, asombrada.
—¡Ollita, descansa!
La olla se detuvo. Sirvieron dos cuencos y dejaron enfriar la merienda. La mamá quiso aprender el truco, pero solo recordó la primera frase.
Al día siguiente, mientras la niña recogía flores, su mamá quiso preparar la merienda.
—¡Ollita, cocina!
La papilla subió hasta el borde.
—¡Ya basta! ¡No más!
Pero esas no eran las palabras mágicas. La papilla cubrió la mesa, bajó al suelo y empezó a salir por la puerta.
Un río de papilla avanzó por la calle. Los vecinos miraban desde sus puertas, sorprendidos.
La niña regresó con sus flores y vio lo que ocurría. Desde el umbral, dijo con claridad:
—¡Ollita, descansa!
La olla dejó de cocinar. Su mamá suspiró aliviada. ¡Por fin se había detenido aquella merienda interminable!
Entre todos limpiaron la calle y la cocina. Después, la mamá se sentó junto a su hija.
—¿Me enseñas otra vez las dos frases?
Las practicaron juntas, sin prisa. Cuando todo estuvo listo, prepararon solo dos cuencos de papilla. Esta vez, la mamá recordó cómo detener la ollita. Y merendaron tranquilas.
Fin
Para recordar
Antes de empezar, escucha cómo hacerlo y pregunta si tienes dudas.