Los músicos de Bremen
Un burro ya mayor no podía cargar tantos sacos como antes. Decidió ir a Bremen para hacerse músico. En el camino encontró a un perro cansado, sentado junto a una cerca.
—Ven conmigo. ¡Podemos hacer música! —le propuso el burro.
—Todavía tengo un buen ladrido. —respondió el perro. Y caminaron juntos.
Más adelante encontraron a un gato que buscaba un lugar donde descansar.
—Mis patas ya no corren como antes. —dijo el gato.
—Ven con nosotros. ¡Podemos hacer música! Un gallo los oyó desde una cerca.
—¡Yo también quiero cantar! Los cuatro siguieron hacia Bremen: el burro, el perro, el gato y el gallo.
Al anochecer, los amigos se detuvieron en el bosque. El gallo subió a una rama y vio una luz.
—¡Hay una casita entre los árboles! —avisó el gallo. Se acercaron despacio. Dentro, unos ladrones cenaban junto al fuego.
—Necesitamos un refugio. —susurró el perro. El burro tuvo una idea.
El burro se puso junto a la ventana. El perro subió a su lomo, el gato al perro y el gallo se acomodó arriba.
—¡Ahora, nuestro concierto! —dijo el burro. El burro rebuznó, el perro ladró, el gato maulló y el gallo cantó. ¡Menuda música! Los ladrones vieron aquella silueta tan alta y salieron corriendo. Los amigos bajaron con cuidado, uno por uno.
La casita quedó tranquila. El burro descansó sobre paja, el perro junto a la puerta, el gato cerca del fuego y el gallo en una viga.
—Aquí cabemos los cuatro. —dijo el gato.
—¡Y nuestra música también! —respondieron juntos. Les gustó tanto aquel hogar que se quedaron allí. Aunque no llegaron a Bremen, nunca les faltaron compañía y canciones.
Fin
Para recordar
Cada uno tiene algo valioso que aportar. Juntos podemos lograr más.