Hansel y Gretel
Hansel y Gretel fueron al bosque con su papá a recoger leña. Mientras él juntaba ramas, los hermanos siguieron a un pajarito. Hansel dejó caer migas de su pan por el sendero.
—Así sabremos volver —le dijo a Gretel. Pero caminaron tanto que dejaron de oír a su papá. Gretel se detuvo y miró hacia atrás.
—Mejor regresemos —dijo, tomando la mano de su hermano.
Buscaron las migas, pero los pájaros se las habían comido. Los hermanos llamaron a su papá. Nadie respondió. Entonces, entre los árboles, descubrieron una casita de pan, con techo de galletas y ventanas de azúcar.
—¡Parece hecha para una merienda! —exclamó Gretel. Tenían hambre y probaron un pedacito. La puerta se abrió despacio. Una anciana los invitó a entrar.
La anciana era una bruja que quería que los niños se quedaran para hacerle dulces todos los días. Encerró a Hansel en una despensa con puerta de rejilla y mandó a Gretel limpiar la cocina.
—Tengo miedo —susurró Gretel.
—Estoy aquí. Pensemos juntos —respondió Hansel. Gretel respiró despacio. Sobre la mesa vio una llave grande y dorada.
La bruja bajó al sótano a buscar harina. Gretel tomó la llave y se acercó a la despensa. Le temblaban un poquito las manos.
—Despacio, yo sostengo la puerta —susurró Hansel. Gretel giró la llave. ¡Clic! La puerta se abrió.
—¡Vamos a casa! —dijo Gretel. Salieron de puntitas y corrieron juntos por el sendero. Cuando la bruja volvió, los hermanos ya estaban lejos.
Al salir del bosque oyeron un arroyo.
—¡Pasa junto a nuestra casa! —recordó Hansel. Gretel reconoció el puentecito de madera. Cerca de allí, su papá los buscaba llamándolos por sus nombres. Los hermanos corrieron hacia él, que se arrodilló y los abrazó con fuerza.
—¡Qué alegría encontrarlos! —dijo su papá. Entraron juntos en casa. Allí compartieron pan calientito y contaron su aventura, bien cerquita unos de otros.
Fin
Para recordar
Cuando nos ayudamos y pensamos con calma, podemos encontrar una solución.