Frida, una nariz para ayudar
En México nació Frida, una labradora de pelo color miel y nariz inquieta. Desde pequeña aprendió a buscar con ayuda de sus entrenadores de la Marina.
En este cuento, su juego favorito era encontrar una pelota roja escondida. Olfateaba aquí, olfateaba allá… ¡y su cola anunciaba el hallazgo!
Frida creció y aprendió a buscar personas que necesitaban ayuda. Su compañero también aprendió a entender sus señales. Trabajaban juntos.
Antes de salir, él revisaba su equipo: gafas para cuidar sus ojos, botitas para proteger sus patas y un arnés para acompañarla con seguridad.
Todo listo. Una nariz y muchas manos.
Cuando un terremoto sacudía una ciudad, podían quedar personas atrapadas entre los escombros. Frida y los rescatistas acudían a buscarlas.
Olfateaba aquí, olfateaba allá… Su nariz encontraba pistas que los ojos no podían ver. Cuando señalaba un lugar, el equipo lo revisaba con cuidado.
Frida buscaba. Sus compañeros ayudaban. Nadie trabajaba solo.
Frida participó en misiones en México y en otros países. A lo largo de su servicio, encontró y, junto con su equipo, rescató al menos a doce personas con vida.
Después de trabajar, también necesitaba cuidados. Podemos imaginarla a la sombra, bebiendo agua fresca mientras su compañero le acariciaba el lomo.
Cerca, otras manos repartían agua y mantas. Había muchas maneras de ayudar.
En 2019 llegó el momento de retirarse. La Marina le dio las gracias y un juguete para disfrutar de su descanso.
Imaginemos a Frida de vuelta en el jardín, con una pelota roja y tiempo para jugar. Olfateaba aquí, olfateaba allá… ¡y otra vez movía la cola!
La perrita que había cuidado de tantos recibió, a su vez, mucho cariño.
Fin
Para recordar
Cada quien sabe hacer algo especial. Juntos lo hacemos mejor.