El patito feo
En un nido junto al estanque nacieron tres patitos amarillos. Del huevo más grande salió uno gris y esponjoso.
—Bienvenido, pequeño. Ven bajo mi ala. —dijo mamá pata. Sus hermanos le hicieron sitio y se durmieron juntitos.
Un día, un ganso del estanque se burló del pequeño.
—¡Qué patito tan feo! —dijo el ganso. El pequeño bajó la cabeza.
—No le hables así. Ser diferente no tiene nada de malo. —dijo mamá pata.
—Perdón. ¿Quieres nadar conmigo? —preguntó el ganso. El patito aceptó, y nadaron despacito.
Llegó el otoño. Unos cisnes blancos se posaron en el estanque. El patito gris los miró con curiosidad.
—¡Qué cuellos tan largos! El mío también está creciendo. —dijo el pequeño.
—Puedes venir a nadar con nosotros. —lo invitó un cisne. Mamá pata lo acompañó hasta ellos.
Durante el invierno, el pequeño siguió creciendo. Su familia le hizo sitio en el refugio de juncos. Sus amigos lo visitaban cuando salía el sol.
—A veces me siento distinto. —dijo una tarde.
—Y te queremos tal como eres. —respondió mamá pata, acercándose a él.
En primavera, el pequeño miró su reflejo. Tenía plumas blancas y un cuello largo. ¡Era un cisne!
—¡Ahora sé quién soy! —dijo, abriendo las alas.
—Y sigues siendo parte de nuestra familia. —respondió mamá pata. El joven cisne nadó junto a sus hermanos y sus amigos. Ya tenía un lugar entre ellos desde mucho antes de cambiar de plumas.
Fin
Para recordar
Todos merecemos cariño y respeto, seamos como seamos.